De un pequeño deseo surgió una gran idea

En los comienzos de la historia de THZ (1999) había, en las afueras de Múnich, una vieja casa prefabricada de una planta y media, mal aislada, con radiadores y válvulas termostáticas y una instalación de calefacción aún más vieja.
Durante los meses en que usábamos la calefacción, o la planta baja estaba caliente y la primera fría, o al revés, según quién hubiera abierto antes las válvulas de los radiadores. Y nos pusimos a pensar, ¿no habría una forma razonable de regular aquello?

Tras echar un vistazo rápido al mercado, vimos que ninguna de las soluciones habituales resolvía nuestro problema. Descartamos cambiar la instalación de calefacción por otra nueva y más potente (de modo que en caso de calor excesivo se ventilara la estancia abriendo la ventana), porque dos años más tarde iban a derribar aquella vieja casa. Si queríamos dejar de congelarnos, ¡habría que hacer de manitas! Y, efectivamente, después de semanas de pacientes e interminables jornadas de trabajo nocturno, nuestros socios, los señores Kummerer, habían instalado un algoritmo de regulación en un viejo ordenador Commodore, que accionaba la calefacción puntualmente para evitar que hiciera demasiado frío y la cerraba puntualmente para evitar que hiciera demasiado calor. Y todo ello con una exactitud térmica de +/- 0,15 grados.

De pronto, todas las habitaciones tenían la temperatura adecuada, y el calor llegaba allí donde era necesario. Así pues, la temperatura del circuito de calefacción confirmaba también el nuevo proceso de regulación desarrollado, y se adaptaba a tiempo real a las condiciones reales. Además, aquel confort iba acompañado afortunadamente de evidentes ahorros energéticos.

Incluso el saludable sentido común está integrado en la regulación (una novedad absoluta en el mercado) –ventanas abiertas / calefacción apagada, etc.– y además funciona de verdad. La nueva regulación hasta memoriza el comportamiento térmico de las estancias reguladas y optimiza constantemente todo el sistema. Gracias a la función de registro de datos y a un programa de valoración específico del sistema, se puede observar un gráfico en el ordenador que refleja los datos relativos a la calefacción.
Y con ello, de hecho, podrían haberse contentado todos.

Pero nosotros, los automatizadores industriales, habíamos echado cuentas sin la orientación empresarial de nuestras esposas. Se sentían fascinadas por el sistema, o más bien dicho el resultado, y nos convencieron para seguir con el asunto. Dicho y hecho: registro de patentes, primeros contactos con fabricantes de calefacción e instaladores. El interés, ya lo teníamos y, ahora, nuestro oficio era claramente otro.

La oportunidad se presentó en Francia, cuando conocimos a Frederic Sobotka, un joven licenciado de la Business School, dinámico, y sobre todo deseoso de aprender, que estaba dispuesto a emprender la aventura de los instaladores de calefacciones, fabricantes y técnicos de regulación. Después de seis meses de aprendizaje en el sector, se puso manos a la obra y arrancó la comercialización. Thermozyklus había nacido. Como el mercado estaba dominado por una distribución de tres grados, escogimos el arduo camino hacia el consumidor final y los instaladores, un camino, que se reveló tan difícil como enormemente instructivo.
Con cada instalación aprendíamos más acerca de aquel mundo de la calefacción que para nosotros seguía siendo un misterio: hogares, pequeños ayuntamientos, oficinas, guarderías, con calefacciones radiales para suelos, radiadores, calefacciones de techo, hidráulicas o eléctricas, distribuidores de circuitos térmicos o conexiones directas... Claro que podíamos y queríamos aprender.

Fortalecidos por los conocimientos adquiridos en el complicado mercado francés y las experiencias de las tan diferentes instalaciones, nos atrevimos en el 2007, después un estudio de mercado, con la feria especializada alemana, la ISH, celebrada en Frankfurt, y presentamos por vez primera al gran público nuestro sistema inteligente. Nuestro estudio de mercado nos había confirmado de antemano que incluso seis años después seguía sin existir nada semejante en el mercado. La feria fue todo un éxito: fabricantes, instaladores y usuarios finales quedaron prendados y nos facilitaron la decisión, ahora sí, de dedicarnos profesionalmente a la comercialización de nuestra tecnología de regulación termocíclica.

Alquilamos unas oficinas en Gauting; Klaus Knapp reforzó el equipo como director de ventas en Alemania y empezamos a construir nuestra red de distribución nacional. Consolidamos los contactos de OEM que ya teníamos y comenzamos a cosechar los primeros éxitos en nuestro país.

Actualmente, en nuestra sede central en Baviera se concentran las actividades de distribución e investigación, así como nuestra base logística. La producción, la llevan a cabo empresas certificadas, naturalmente, en Alemania.

Estamos en la fase de introducción de la segunda generación de módulos de sistema. Una sonda espacial integrada en la central, tarjeta MMC como registro de datos, interfaces para otros sistemas de bus, indicador digital con 256 colores seleccionables, posibilidad de combinar la instalación por cable e inalámbrica. Estas son apenas algunas de las características de la nueva serie que se presenta, por supuesto, con un nuevo diseño. Calefacción y refrigeración en calefacciones de superficie son ya un hecho estándar.

Los sistemas -que hasta entonces cubrían un máximo de 30 habitaciones- pueden hoy interconectarse para regular un total de 270 estancias. En definitiva, ya nada se opone a su aplicación industrial. Obras, como la universidad de Arquitectura de Nantes en Francia (calefacciones radiales de techo Zehnder, más de 100 salas) o la de la escuela Jona en Stralsund (80 salas / calefacción de zócalo Radiatherm) se regulan sin problemas satisfaciendo completamente al usuario. Un argumento central, aparte de la adaptación automática de la regulación, era la supresión de los sensores en ventanas, que se volvió superfluo, porque la precisión de la regulación termocíclica detecta las ventanas abiertas.

Al principio había una casa y el deseo de un mayor confort.
Eso nos llevó a una gran idea, una novedad que nos fascina desde entonces, y que nos gustaría transmitir a los demás a través de nuestros productos. Confort y ahorro energético, sencillo y eficiente.